YAGÉ la version française the english version


La olla de Yage

EL ETERNO BOSQUE DE LLUVIA está mirando no sólo las tumbas de gentes que han desaparecido pero también la sabiduría ellos poseyeron. Los granes shamanes del Siona y Secoya lo buscan en las visiones.

Una luna llena y pálida encima del Río Aguarico. Este río no puede ser tan espectacular como el Napo, pero sus aguas son más cristalinas, y su pez más abundante. Aquí uno encuentra alguno del pez de agua fresco más grande en el mundo. No obstante, el área alrededor de los Aguarico y sus afluentes era relativamente desconocida hasta que los caminos y sendas abrieron el Oriente. Como resultado, los grupos étnicos que viven a lo largo del Aguarico, el Cofan, el Siona y el Secoya, ha tenido que enfrentar presiones económicas y socio-culturales serias que originan de esta nueva sociedad que los rodea.

EL RITO DE YAGÉ

Campo Eno, en los bancos del Aguarico. Es seis por la tarde, cuando millones de grillos, como si obedecieran una señal que sólo ellos perciben, empiecen a llenar el aire de su sonido metálico. Y es tiempo por el yagé (ayahuasca) el rito para empezar, un tiempo prescribió estrictamente, como es todos los aspectos del ritual asociados con la preparación y uso de esta substancia alucinógena. Así, un requisito es la puntualidad: a seis por la mañana, la persona que cocina el yagé empieza el proceso, y en seis por la tarde la bebida está lista.

Hilano, el curaca del grupo de Siona que vive en el área, acostumbra un palo a revolver el espeso, fuerte-oliendo, líquido café-coloreado.

"Quienquiera desea encontrar la sabiduría debe tener la voluntad, además de mucho valor, junto con una capacidad casi innata de resistir el sufrimiento", dice Hilano. Y, en efecto, esto es verdad. El alucinógeno hace demandas en el cuerpo y, en algunos casos, pueda causa desórdenes fisiológicos.

"Hay muchos que no pueden resistir los efectos de yagé" Hilano agrega. "Algunos van enfadados y sólo recuperan después de mucho tiempo ha pasado."

Al participar en el ritual del yagé, el Siona y Secoya se ponen su cushmas más fino, y pinta sus caras con las rayas, cruces, y figuras que representan el sol, junto con otros símbolos, usando achiote, un tinte que ellos extraen de las semillas del annatto. Sólo frescamente cosechado que las semillas producen los tonos rojos oscuros deseados. Ellos también pintan sus brazos y piernas y lazo flores y hierbas fragantes alrededor de sus brazos. Finalmente, los participantes llevan los tocados, collares y plumas.

"La persona que conoce tomar yagé no borracha. Él permanece tranquilo al beberlo, como si él estuviera bebiendo chucula" Hilano explica. "¡Yo no puedo decirle cuánto yo disfruto tomando yagé no por la bebida, pero para las visiones que produce¡" Hilano trae la calabaza a sus labios y la toma en uno va. "Con sólo un tazón yo puede ver las esquinas más lejanas de la tierra y de los cielos, pero las visiones terrenales se paran y las visiones celestiales empiezan."

Aquellos que han tomado yagé están pronto comprometidos en una conversación viva. Estallidos de risa y gritos fuertes se oyen. Algunos imitan canciones del pájaro, otros gruñen como las bestias salvajes.

Los Siona y Secoya son apreciados por sus vecinos para la sabiduría de su curacas. En Ecuador, los Siona-Secoya se hablan como un solo grupo. Ambos grupos son descendientes del encabellados antiguos, miembros de la familia lingüística de Tucano Occidental. Varios viajeros han incluido el Cofan en este mismo grupo, aunque sus miembros pertenecen a la familia lingüística Chibcha y hace tiempo vivieron en el monte que rodea las cabeceras de Río Aguarico y sus afluentes. Se han llamado los Cofan, junto con el Siona y el Secoya, los cushmas, una palabra que se refiere a sus vestidos, una túnica hizo originalmente del llanchama, o tela del ladrido.

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