LA CASA ACHUAR la version française the english version


La presencia de casa, en el centro de los huertos, simboliza la ocupación humana, es aquella que forma el punto lógico a partir del cual sus habitantes balizan el espacio. La casa, jea, esta rodeada por una gran área, aa (el "exterior alrededor"), cuidadosamente desyerbada y adornada aquí y allá con pequeños matorrales de plantas medicinales y narcóticas, árboles frutales y palmeras chonta. Esta área misma está rodeada por el o los huertos, aja, bordeados por hileras de plátanos, puestos avanzados de la cultura que parecen contener apenas la progresión de la selva, ikiam.

La casa esta siempre erigida sobre un bancal plano, ligeramente en eminencia, y en las cercanías inmediatas de un río o de un lago. Cuando el inclinado de la pendiente que lleva al río es muy abrupta, el camino está consolidado con una serie de rollizos en escalera que permiten el acceso de agua sin correr en riego de resbalones peligrosos. Por razones defensivas, los Achuar evitan construir su casa directamente en la orilla de un gran río navegable en canoas; cuando se establecen cerca de un río, escogen con preferencia sitios a orillas de los brazos secundarios, o mejor todavía, de los pequeños afluentes que se hallan a cierta distancia del brazo principal. En este óltirno caso, las canoas serán amaradas al borde del brazo principal y un camino será trazado entre el puerto y la casa, la misma que no será posible divisar desde el río.

Aunque los Achuar sean en general nautas muy expertos y que prefieran; cuando existe la posibilidad, un trayecto en canoa a un trayecto a pie, les gustan mucho más para su uso domestico cotidiano los pequeños arroyos poco profundos, de agua clara y corriente regular. En efecto, las crecidas brutales que afectan el régimen de los grandes ríos vuelven muy peligroso el bañarse, sobre todo para los niños que pasan una gran parte de las horas calurosas jugando en el agua. Los grandes ríos que acarrean aluviones en suspensión, son por otra parte, completamente opacos, disimulando así a las miradas sus huéspedes más nocivos: la muy peligrosa raya venenosa kaashap (Potamotrygon hystrix), el gimnoto tsunkiru (electrofórido) y la ananconda panki (Eunectes murinus). Esta ultima, aunque mucho más rara que la raya es considerada por los Achuar por razones ante todo sobrenaturales, como el peligro principal y omnipresente de los grandes ríos. En fin, un ligero alejamiento de las grandes corrientes de agua del hábitat ribereño permite hacer un poco más soportable la insistente presencia de los anofeles manchu y de los mosquitos tete que infestan sus orillas.

La casa Achuar es una vasta y armoniosa construcción de forma poco más o menos elíptica, generalmente desprovista de paredes externas y encabezada por un alto techo de cuatro aguas con dos aguilones redondos, que baja hasta la altura del hombre. Cuando el jefe de la familia estima que una situación conflictiva generadora de inseguridad se ha desarrollado en la región en la que él habita, prefenrá a pesar de todo cerrar la casa con una pared, tanish, formada de latas verticales elahoradas con madera de la palmera tuntuam ('riartea sp.) o uwi (Guiliejma gasipaes),. Unidas mediante largueros longitudinales, ligados estos últimos a los postes que sostienen el alero. Cuando la inseguridad se transforma en amenazas precisas de ataques, se erige alrededor de toda la casa una empalizada, wenuk, de por lo menos 3 metros de altura, según el mismo principio de construcción de las paredes, con los postes de apoyo formados por estacas muy profundamente hincadas en la tierra. Las latas utilizadas para el wenuk son, sin embargo, mucho más gruesas que aquellas de las paredes de la casa y totalmente unidas por los bordes con el fin de no dejar ningún intersticio por el cual un atacante podría disparar hacia el interior de la casa. A veces, la empalizada está enteramente forrada interiormente con otra hilera de latas, con el fin de reforzar la solidez de la fortificación.

El acceso a una casa cercada por paredes o por una empalizada se hace a través de puertas planas y rectangulares, waiti, generalmente elaboradas de un árbol wampu (Ficus insipidi Wuld.) y que pivotean sobre dos espigas talladas en los extremos del eje lateral. Estas espigas se encajan en dos pedazos de madera que forman respectivamente un dintel y un umbral con largueros verticales de la puerta constituidos, según la situación de esta, por dos postes de apoyo del alero, o por dos estacas de la empalizada. Desde el interior se atrancan las puertas durante la noche, ya sea por largueros móviles o por una estaca elevada en el suelo como puntal.

Las dimensiones de la casa y el grado de su acabado dependen de la envergadura social y del numero de esposas del jefe de familia que la ocupa, así corno de la cantidad de mano de obra que ha sido capaz de movilizar para su construcción. La ambición de todo hombre adulto es tener numerosas esposas, numerosos yernos, una casa espaciosa y grandes huertos que permitirán producir en abundancia la indispensable cerveza de mandioca, nijiamanch, para dar de beber a sus invitados. El tamaño de la casa es pues uno de los indicios que permiten reconocer a un juunt ("gran hombre"). Su morada es siempre algo más amplia que lo necesario para el uso cotidiano de su familia simple y permite, así', acomodar con munificiencia a multiples visitas.

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