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Arequipa, Perú, SuramericaLa UNESCO ha considerado que "La arquitectura ornamental en el Centro Histórico de Arequipa representa una obra maestra de la integración creativa de las características europeas y nativas, cruciales en la expresión cultural de toda la región.... El Centro Histórico de Arequipa es un ejemplo excepcional de un asentamiento colonial caracterizado por condiciones naturales influencias indígenas, el proceso de la conquista y la evangelización, así como por la espectacular naturaleza de su entorno". El reconocimiento ha cumplido con un viejo sueno de los arequipeños, sueno que por cierto, dormía el de los justos hasta mayo del ano 1999. Convocados por el Alcalde de Arequipa, el filosofo Juan Manuel Guillen, un puñado de amantes de la ciudad (siete arquitectos, dos historiadores, un restaurador y un poeta) decidieron entonces elaborar el citado expediente y dar vida a la Superintendencia Municipal del Centro Histórico y la Zona Monumental, organismo clave en esta reciente historia y cuya tarea central es velar por el porvenir del mejor pasado arquitectónico de Arequipa. La absoluta estrechez de las arcas municipales fue suplida con entusiasmo y profesionalismo. Vino luego el apoyo decisivo de la Agencia Española de Cooperación, que permitió elaborar el plan e implementar una oficina técnica y a fin pudo, pues, obtenerse la distinción que este Centro Histórico comparte con los de Cusco y Lima. (En el Perú, dicho sea de paso, también han sido declarados "Patrimonio Cultural de la Humanidad" los sitios arqueológicos de Chavin, Nazca y Chan Chan; "Patrimonio Natural" los Parques del Huascaran y el Manu; y "Patrimonio Cultural y Natural" Machu Picchu y el Parque de Río Abiseo). Los principales especialistas en la arquitectura latinoamericana de los últimos siglos, han reiterado la importancia que tuvo la ciudad durante el apogeo del barroco mestizo. En el marco de un singular paisaje - un pintoresco valle con mucho de oasis y bajo la tutela de tres imponentes montanas - las tradiciones europeas y nativas, el tufo volcánico llamado sillar y una sucesión de terremotos, llevaron a configurar una expresión arquitectónica inconfundible, que alcanzo a tener un radio de influencia en la región.

la iglesia y los claustros de la Compañía, Arequipa, Perú, SuramericaLa ciudad encierra algunos monumentos dignos de cualquier antología de la arquitectura virreinal del continente: la iglesia y los claustros de la Compañía, el monasterio de Santa Catalina, el conjunto de San Francisco, las casas Tristan del Pozo, de la Moneda y del Moral. A ellos hay que sumar la importancia de templos y claustros como los de Santo Domingo, San Agustin, Santa Rosa, La Merced y Santa Teresa; caserones como los de Chaves de la Rosa o Goyeneche y cerca de medio millar de casonas con bases coloniales y remates republicanos, cuya suma da vida a los principales ambientes urbanos. Destacan aquí las perspectivas de las calles del Puente Grau y Villalba, y las de San Francisco, Santa Catalina, la Merced o Puente Bolognesi, que confluyen en la plaza donde se luce, rodeada de una simétrica arquería, la tachada de la Catedral, considerada el mas importante ejemplo de una suerte de neoclásico mestizo del siglo XIX.

Asiento de una extendida y laboriosa mesocracia de origen peninsular en la colonia; laboratorio de lo mestizo con felices expresiones, especialmente en la arquitectura y la gastronomía; cuna de rebeliones y levantamientos que han marcado la vida republicana del palis, Arequipa muestra hoy las huellas de un vertiginoso crecimiento migratorio que configura su nueva personalidad. Los valores esenciales rebeldía y trabajo, austeridad y civismo parecen, sin embargo proyectarse en sus nuevos pobladores, y hasta le otorgan al Centro Histórico en trance de renacimiento, la fuerza de un epicentro espiritual todavía vigente.

Acosados por la crisis, los arequipeños están empeñados en hacer de su ciudad un polo turístico y una ciudad que brinde servicios educativos y culturales de calidad. Al Centro Histórico le toca, como es obvio, un rol central. El municipio ha empezado ya a ocultar la maraña de cables que entorpecía las perspectivas de las principales calles, a ensanchar las veredas, readoquinar las pistas y dotarlas, al fin, de un sistema de alcantarillado. La rehabilitación urbana ha comenzado, y un ambicioso plan de recuperación integral del Centro Histórico y su entorno esta en marcha, con el apoyo financiero de organismos internacionales. Aunque es muy argo el camino por recorrer, se advierte que se busca hacer del viejo centro que fundaran los conquistadores el 15 de agosto de 1540, un lugar no solo digno de ver sino de vivir, vale decir, de amar. Porque como repetía, bajo otro volcán, el personaje de Malcolm Lowry, el famoso cónsul Firmin "no se puede vivir sin amar".

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